Una Carta

No te puedo mentir, te estoy queriendo,

Y es tanto ese querer, me estoy quemando.

Y no puedo decirte lo que siento

Porque ya sé muy bien lo que dirías,

Y no quiero escuchar, palabras frías.

Pero no puedo más callar al alma mía,

Porque… sabrás que soy un hombre, no un santo,

No importa la desdicha y la zozobra,

No importa si me brindan el sosiego,

Para poder soñar y despertarme…

Eres una silueta, cubres mi juicio,

Y aunque diga y demuestre;

Y aunque ya no te piense y no te mire,

No llego a olvidarte y te recuerdo,

Y muy cansado estoy de procurar no hacerlo.

Y… ¿Qué haría? Porque quisieras…

Me quitaría la vida, o vertería mi sangre por tu camino

Sólo por no extrañarte o por tenerte;
Ya que el tiempo me juega, malas pasadas,

Voy a decir adiós… no me importa vivir en un infierno.

Imaginé las cosas que no serían,

Y no pensé la realidad escrita;

Aún resuenan en mí, esas palabras,

-No te quiero-, y sin más ni menos, enmudecí…

Y caí desde el cielo, sin mi deseo.

Caminar es tan duro si no te pienso,

Imaginar es nulo, si no te veo,

Y casi desgarrante es ver mis sueños,

Ahogarse en aquel mar, profundo y negro,

Del que no volveré… para no molestarte…

Para callar por siempre… para decir adiós en el olvido…

ICH

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